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Desde hace cientos de años, la firma manuscrita ha sido el método fundamental para dar validez a cualquier documento, ya que identifica al individuo y expresa su voluntad de forma única. Con la llegada de la tecnología y el Internet, se evidenció la necesidad de identificar a quienes ingresan información o autorizan alguna tarea en línea, pues la autenticidad es uno de los puntos clave de la seguridad informática y su falta puede ocasionar daños materiales e inmateriales al usuario, en especial cuando se trata de movimientos financieros.

Por ello se creó el concepto jurídico de firma electrónica, a través de la cual se le otorga la misma validez y poder de autorización a cualquier tipo de firma digital que a la firma manuscrita. La firma digital es un mecanismo criptográfico que permite al receptor de un mensaje firmado identificar al autor y reconocer la integridad del mensaje; un esquema de firma digital se conforma por un algoritmo de generación de firma digital asociado con otro de verificación. Para que este esquema sea reconocido como tal debe cumplir con cinco requisitos: ser único, verificable (no repudio), innegable, viable e infalsificable.

Lo que permite que una firma sea infalsificable es el secreto del firmante, el cual se compone, en la firma manuscrita, por las características grafológicas inherentes a la persona, mientras que, en la firma digital, se trata del conocimiento de una clave confidencial. No debe confundirse la firma electrónica ni la digital con la firma digitalizada, pues esta última sólo es el resultado de convertir la firma manuscrita en una imagen digital y carece de validez legal por sí misma, ya que cualquier usuario puede realizar una copia y añadirla a cualquier documento.

La firma electrónica es un requisito obligatorio para cualquier transacción de carácter fiscal, pues a través de ella, hacienda pública puede reconocer a los contribuyentes, se trate de personas físicas o morales. En México, el Servicio de Administración Tributaria o SAT pone a disposición de los contribuyentes la e.firma, antes firma electrónica o Fiel, para realizar cualquier trámite en línea relacionado con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público o con otras dependencias del Gobierno de la República.

La e.firma es un conjunto de datos y caracteres compuesto por una clave privada (archivo extensión KEY), un certificado (archivo extensión CER) y una contraseña de acceso. Para utilizar la e.firma en el envío de documento electrónicos o mensajes de datos, el contribuyente debe digitar su RFC, adjuntar los archivos KEY y CER en las ventanas donde sean solicitados y capturar la contraseña de la clave privada.

Cómo obtener la e.firma

Para tramitar la e.firma o la e.firma portable, pensada para dispositivos móviles, el contribuyente o representante legal de la persona moral debe agendar una cita y presentar en la oficina del SAT:
• Original o copia certificada de una identificación oficial vigente (credencial para votar expedida por el INE, pasaporte, cédula profesional, licencia de conducir, credencial de INAPAM)

• CURP • Original del comprobante de domicilio fiscal

• Unidad de memoria extraíble, puede ser USB o CD

• Correo electrónico

El trámites es completamente gratuito, al concluirlo, se entregarán los archivos de la e.firma y la solicitud sellada. Es responsabilidad del contribuyente resguardar adecuadamente su e.firma en un medio digital seguro y no compartirlos a terceros, pues podrían firmar documentos oficiales electrónicos a su nombre.
Para más información sobre cómo renovar la e.firma, revocarla o ver las preguntas frecuentes, ingresa al sitio oficial de SAT.
Beneficios de la firma electrónica

Quizá la característica más famosa de los trámites legales en casi todo el mundo es su tardanza, ya que hay que trasladarse a la institución, esperar, firmar, copiar, ir a otra ventanilla, certificar, imprimir, etc. Esta es una situación del pasado con la firma electrónica, pues:
• Se evitan largas filas y otros pasos para realizar un sencillo papeleo.

• Se pueden realizar los trámites en casa, desde otro estado o país.

• Es mucho más segura que la firma manuscrita, pues dificulta la usurpación de identidad.

• Facilita la localización de los documentos ya que quedan archivados y organizados en formato digital.

• Reduce el uso de papel y tinta, así como las emisiones generadas por el medio de transporte para llegar al sitio del trámite.

• Reduce gastos en insumos y traslado.

Son por estas razones que conviene utilizar la firma electrónica, especialmente para quienes dirigen un negocio o empresa, pues será un paso más para fortalecer la seguridad de la información dentro de la compañía y acelerará cualquier trámite necesario para sus actividades, como la emisión de facturas electrónicas, licencias, movimientos afiliatorios, etc.